El nacimiento de la Era de la Información
Antecedentes
Antecedentes
Durante el nacimiento y desarrollo de la llamada Modernidad, existieron un sinnúmero de acciones y procesos que dieron origen a diversos cambios en el ámbito social, económico y cultural. No podríamos abarcar en un solo texto aquellos ejemplos que fueron muestra de tales cambios. Sin embargo para los propósitos de una exposición sencilla y enfocada a un fenómeno específico como es el de la manipulación masiva de información como ocurre en nuestros días, podemos hallar indicios claros de que dicho proceso tuvo su punto de arranque dentro de los esfuerzos llevados a la práctica por algunos pensadores de los siglos de la Ilustración, y que madurarían hacia los siglos posteriores, hasta desembocar en el "boom" de las llamadas "tecnologías de la información" ocurrida en pleno siglo XX. Durante el recorrido del presente texto advertiremos cómo fue que la innovación acontecida dentro de un ámbito como lo fue la producción textil durante la Revolución Industrial, más tarde, tendría posteriores aplicaciones para solucionar problemas de otro tipo y en otro contexto histórico totalmente distinto.
Nuestro devenir histórico ha sido receptor de diversas modificaciones y adecuaciones tecnológicas que han sido promovidas por la aplicación, algunas veces, de las investigaciones científicas en diversas áreas del conocimiento, y en otras, en forma de soluciones ingeniosas que sin duda aplicaban el raciocinio por medio del aprendizaje que otorgaba la experiencia, con el fin de encausar al progreso del género humano y especialmente para construir un mundo paralelo que le brindaba la Naturaleza. Se han utilizado una gran cantidad de innovaciones técnicas y tecnológicas capaces de modificar la materia y transformarla en energía con el fin de adquirir bienes materiales o artefactos, dando soluciones a problemas específicos. Especialmente, en el mundo occidental, a partir del auge del racionalismo de la Ilustración habrían de darse tales innovaciones con mayor intensidad.
La Revolución Industrial y el auge de las máquinas. El caso de los textiles
Por ejemplo durante la Revolución Industrial en Inglaterra, la manufactura de textiles fue pieza fundamental en cuanto a la búsqueda de nuevos métodos de producción que pudieran satisfacer a las áreas de consumo. Recordemos que antes de las innovaciones técnicas en los telares, dicha producción estaba basada en el uso de ruecas y telares manuales instalados en las casas de artesanos-obr
James Hargreaves, de Blackburn, hizo su famosa “spinning jenny” en 1764
o poco después. Sin
embargo, ésta era una simple máquina movida a mano; lo que interesó a Richard Arkwright fue la idea de hilar por energía mecánica. El ejemplo había sido dado por la fábrica de seda en Derby, abierta en 1721. Impulsada por una rueda hidráulica, esa fábrica producía hilo de seda, utilizando máquinas que no eran muy distintas a las del tipo inventado en Italia hacia el año 1300.
Cuando la fábrica de seda en Derby demostró ser eficaz, parece haberse formulado la pregunta de si se podría diseñar un tipo similar de maquinaria para el hilado de lana o de algodón. Algunas características de las máquinas utilizadas en la fabricación de seda fueron adoptadas por Paul y Wyatt en una máquina para hilado de algodón, que idearon en 1738. Otras ideas comparables fueron desarrolladas después de 1760 por Thomas Highs, de Leigh, en Lanchashire, y por su socio John Kay, un relojero de Warrington. También Arkwright era de Lancashire. Había trabajado como barbero y fabricante de pelucas en Preston y después el Bolton. Se sabe muy poco de los comienzos de su carrera, pero evidentemente oyó hablar del trabajo de Highs y Kay, y así obtuvo el apoyo de Kay para la construcción de una máquina similar. Ésta fue completada con éxito en 1769, cuando Arkwright obtuvo su patente para una máquina de hilar.
En e
sta etapa, Arkwright instaló la primera fábrica en la que el hilado de algodón se obtenía por medio de una maquinaria impulsada por fuerza motriz. Esto fue en Nottingham, donde la industria textil prometía ser un buen mercado para el hilo de Arkwright. La energía era aportada por caballos. Probablemente se utilizaban seis por vez; estaban enganchados a una rueda horizontal, de 9 m de diámetro, la cual estaba colocada en una habitación baja de la fábrica. Con barras de madera y con poleas se llevaba el empuje de esta rueda hasta las máquinas de hilar las cuales habían sido instaladas en los pisos superiores.
Arkwright obtuvo el capital necesario para comenzar esta fábrica, entrando en sociedad con dos fabricantes textiles locales. La firma prosperó; en 1771 una fábrica más grande, movida por ruedas hidráulicas, fue instalada en Cromford, unos 3 km al sur de Matlock en Derbyshire, y al poco tiempo trabajan allí 600 obreros.
Uno de los socios de Arkwright en esas primeras empresas fue Jedediah Strutt, de Derby. Al fin de la década de 1770, Strutt y Arkwright colaboraron en instalar nuevas fábricas en Belper y Milford, pocos kilómetros al norte de Derby, ambas con ruedas hidráulicas movidas por el río Derwent. A través de otras sociedades, Arkwright se vinculó con otras cuatro fábricas de algodón en Derbyshire y con otras de Lancashire y de Escocia. Todas éstas operaban en 1790, y su construcción, tan poco después de la primera invención de Arkwright, da la medida de la rapidez con que creció la industria algodonera[i].
embargo, ésta era una simple máquina movida a mano; lo que interesó a Richard Arkwright fue la idea de hilar por energía mecánica. El ejemplo había sido dado por la fábrica de seda en Derby, abierta en 1721. Impulsada por una rueda hidráulica, esa fábrica producía hilo de seda, utilizando máquinas que no eran muy distintas a las del tipo inventado en Italia hacia el año 1300.
Cuando la fábrica de seda en Derby demostró ser eficaz, parece haberse formulado la pregunta de si se podría diseñar un tipo similar de maquinaria para el hilado de lana o de algodón. Algunas características de las máquinas utilizadas en la fabricación de seda fueron adoptadas por Paul y Wyatt en una máquina para hilado de algodón, que idearon en 1738. Otras ideas comparables fueron desarrolladas después de 1760 por Thomas Highs, de Leigh, en Lanchashire, y por su socio John Kay, un relojero de Warrington. También Arkwright era de Lancashire. Había trabajado como barbero y fabricante de pelucas en Preston y después el Bolton. Se sabe muy poco de los comienzos de su carrera, pero evidentemente oyó hablar del trabajo de Highs y Kay, y así obtuvo el apoyo de Kay para la construcción de una máquina similar. Ésta fue completada con éxito en 1769, cuando Arkwright obtuvo su patente para una máquina de hilar.
En e
Arkwright obtuvo el capital necesario para comenzar esta fábrica, entrando en sociedad con dos fabricantes textiles locales. La firma prosperó; en 1771 una fábrica más grande, movida por ruedas hidráulicas, fue instalada en Cromford, unos 3 km al sur de Matlock en Derbyshire, y al poco tiempo trabajan allí 600 obreros.
Uno de los socios de Arkwright en esas primeras empresas fue Jedediah Strutt, de Derby. Al fin de la década de 1770, Strutt y Arkwright colaboraron en instalar nuevas fábricas en Belper y Milford, pocos kilómetros al norte de Derby, ambas con ruedas hidráulicas movidas por el río Derwent. A través de otras sociedades, Arkwright se vinculó con otras cuatro fábricas de algodón en Derbyshire y con otras de Lancashire y de Escocia. Todas éstas operaban en 1790, y su construcción, tan poco después de la primera invención de Arkwright, da la medida de la rapidez con que creció la industria algodonera[i].
Nuevas formas de diseño en la industria textil
Joseph Marie Jacquard alrededor de 1801, inventó un telar a base de tarjetas perforadas. Esta máquina era capaz de hacer tejidos de diseño complejo y tarjetas perforadas guiaban su operación. Jacquard y su máquina fueron ridiculizados cuando él la mostró al público. La aceptación del nuevo dispositivo fue lenta. Cuarenta años mas tarde, aproximadamente, el una vez indignado público se dio cuenta cabal del potencial de la invención de Jacquard y, el telar a base de t
arjetas perforadas fue puesto en operación. Jacquard recibió la Legión de Honor del gobierno francés por la contribución.
La máquina de tejer fue predecesor de todos los dispositivos de proceso con tarjetas perforadas. Operaba con los mismos principios básicos usados en las máquinas modernas, con las instrucciones perforadas en tiras de papel que eran introducidas a la máquina. El telar era capaz de detectar o leer, cada tira y telar de acuerdo al patrón de hoyos que había en ella. El producto terminado era una pieza de material completamente tejida y las instrucciones se podían utilizar, una y otra vez, para guiar a la máquina en producir otras piezas idénticas.
Es interesante notar que el ascenso de Jacquard a la popularidad podría ser atribuido al hecho de que el público eventualmente, se dio cuenta de la aplicación comercial de su invención. El telar a base de tarjetas perforadas hizo mucho para elevar la prosperidad de la ciudad en la que él vivía. Cuando la población se dio cuenta, el nuevo concepto y su inventor fueron cabalmente apreciados. Lógicamente los telares de tarjetas perforadas se debieron haber desarrollado más y su uso se debió incrementar, pero no fue éste el caso[ii].
Otras problemáticas, orígenes de la computadora digital. Charles Babbage
Mientras el auge de la industrialización era realizado a través de modernas máquinas, los cálculos automáticos comenzaron a plantearse en 1812, con Charles P. Babbage, matemático inglés que dominó completamente los fundamentos de las computadoras digitales, con gran asombro de los que se asociaban con él. Sin embargo, sus sueños y sus ideas no fueron completamente apreciados, sino hasta la última década del siglo.
Nacido en 1792, en Devonshire, Inglaterra, Babbage se hizo rico cuando murió su padre (el cuál era banquero) y le dejó una cuantiosa herencia. Tuvo una enseñanza formal, interrumpida por muchos factores. Por sí solo aprendió matemáticas sufi
cientes para comprobar más tarde en la Universidad de Cambrige, que lo que ya sabía sobrepasaba los conocimientos de su maestro. Se interesó en la aplicación de las matemáticas a proyectos prácticos, tales como los de máquinas herramientas y en la restauración del estudio de las matemáticas. Con dos de sus amigos, George Peacock y John Herschel, cuyo padre descubrió el planeta Urano, y quien se convirtió también más tarde en un astrónomo famoso, formó la Sociedad Analítica. En 1828, sin ningún título universitario, se nombró a Babbage como titular de la cátedra lucasiana de matemáticas (la cátedra de Newton), que conservó durante once años, un acontecimiento sin precedente, en vista de que ni siquiera había sustentado una conferencia en la universidad.
Nacido en 1792, en Devonshire, Inglaterra, Babbage se hizo rico cuando murió su padre (el cuál era banquero) y le dejó una cuantiosa herencia. Tuvo una enseñanza formal, interrumpida por muchos factores. Por sí solo aprendió matemáticas sufi
La máquina de diferencias
Una de las contribuciones más conocidas de Babbage fue la “máquina de diferencias”. En 1812, mientras examinaba una tabla de logaritmos llenos de errores, comenzó a pensar en términos de una máquina que fuera capaz de calcular tablas matemáticas. El gobierno francés ya había usado varias calculadoras que sólo podían sumar y restar. El trabajo que requerían las tablas, se dividía inicialmente en operaciones sencillas, cada una de las cuales se asignaba a una calculadora separada. Babbage estaba firmemente convencido de que podía perfeccionar una máquina para fines especiales, que pudiera efectuar automáticamente los cálculos.
Babbage construyó en1822 un modelo de máquina de diferencias, que se acogió con tanto interés y entusiasmo, que la Real Sociedad prometió subsidiar el proyecto de fabricación de una máquina más grande, después de una entrevista con el canciller del Erario (ministro de Hacienda). El gobierno inglés construyó un taller para su uso, así como una bóveda especial contra incendio para salvaguardar los planos de su máquina. Sin embargo Babbage empleó más tiempo del que se esperaba para completar su modelo, porque se interesó en una nueva idea para una máquina con capacidades fantásticas, que querían construir en vez de la otra. Esa “defección” hizo que el gobierno le retirara su apoyo para el proyecto de 1842, lo cual obligó a Babbage a abandonar la construcción. Un modelo de la máquina de diferencias, construido en 1859 para el Registrador General, lo adaptaron más tarde las compañías de seguros para calcular sus tablas de vida.
Babbage construyó en1822 un modelo de máquina de diferencias, que se acogió con tanto interés y entusiasmo, que la Real Sociedad prometió subsidiar el proyecto de fabricación de una máquina más grande, después de una entrevista con el canciller del Erario (ministro de Hacienda). El gobierno inglés construyó un taller para su uso, así como una bóveda especial contra incendio para salvaguardar los planos de su máquina. Sin embargo Babbage empleó más tiempo del que se esperaba para completar su modelo, porque se interesó en una nueva idea para una máquina con capacidades fantásticas, que querían construir en vez de la otra. Esa “defección” hizo que el gobierno le retirara su apoyo para el proyecto de 1842, lo cual obligó a Babbage a abandonar la construcción. Un modelo de la máquina de diferencias, construido en 1859 para el Registrador General, lo adaptaron más tarde las compañías de seguros para calcular sus tablas de vida.
El origen de la máquina analítica de Charles Babbage
En 1833, cuando el proyecto de la máquina de diferencias se suspendió durante un año, Babbage concibió la idea de construir una máquina analítica que sería capaz de efectuar cualquier cálculo. Sería la primera computadora digital para fines generales. Babbage trabajó en ella durante los últimos años de su vida, y la financió por completo con sus propios fondos, pero murió en 1871, sin terminar su obra, desilusionado, aunque dejó millares de dibujos que indicaban los detalles para la construcción de la máquina, Más tarde su hijo, el mayor general H. P. Babbage, continuó el proyecto de su padre y logró completar una parte de la unidad aritmética. El plan de Babbage para construir lo que sus colegas creían una máquina fantásticamente grande, en una época en qu
e una máquina de esa índole, escapaba al criterio y a la comprensión de casi todos los matemáticos, probablemente dificultó la realización en serio de sus ideas durante más de un siglo. Cuando concibió la idea de la máquina analítica, abandonó virtualmente la máquina de diferencias más sencilla y útil. La máquina analítica tendría una capacidad de almacenamiento para 1000 miembros de 50 dígitos cada uno. Diseñó la máquina para que aceptara la entrada de las tarjetas inventadas por Joseph Marie Jacquard para el control de los telares. La máquina fascinó a Babbage durante la mayor parte de su vida, pero su impaciencia con su personal y su fracaso para expresarse en una forma adecuada, hicieron que fuera un mal vendedor de sus ideas. Trato sin éxito de resolver independientemente sus problemas con sus propios medios, problemas que al fin necesitaron el talento y el esfuerzo de dos generaciones de ingenieros. Debido a su escaso éxito, se convirtió en un hombre frustrado y amargado, y en cierta ocasión a un amigo que no recordaba que hubiera tenido un día completamente feliz en toda su vida. Creía en general que la humanidad estaba en contra suya, y especialmente el pueblo inglés y el gobernó británico. A pesar de no poder vender sus ideas. Todavía podemos pensar que Babbage, fue uno de los grandes precursores en el campo de los cálculos. Fue filósofo, matemático y profesor escribió más de ochenta libros y ensayos. Fue un hombre “de gran visión”, que tuvo el criterio, el valor, y la imaginación para trabajar y perfeccionar lo que creía que era posible y que sería de gran ayuda para la humanidad[iii].
Charles Babbage, visionario
Cabe mencionar que Charles Babbage, además del ingenio demostrado en la intención de realizar adecuaciones que llegarían incluso hacia nuestros días, tenía esta visión futura de lo que debería ser posteriormente la automatización del trabajo tanto mecánico como intelectual. En 1832, en su clásico libro On the Economy of Machinery and Manufactures, plasma sus ideas paralelas a las de Adam Smith. Babbage destacaba la división del trabajo en la organización de la industria, y sostenía que “los Gobiernos deben interferir lo menos posible entre los obreros y sus patrones”. Sin embargo, estaba de acuerdo en que el Gobierno limitara el empleo de niños en las fábricas aduciendo que ése era un asunto de dar protección en la parte más débil. Pensaba que la mecanización de la industria estaba igualmente en el interés de los obreros y de los patrones, porque aumentaba la riqueza de todos. Pero creía que tales beneficios comunes debían hacerse más evidentes, por medio de planes que llevaran a compartir las ganancias. Con tales planes los empleados habrían de ganar directamente por la prosperidad de la empresa con la que trabajaran[iv].
Implicaciones de las novedosas tecnologías. La manipulación masiva de datos
Casi cien años más tarde de las innovaciones de Jacquard, en los Estados Unidos, tuvo lugar el siguiente desarrollo importante de las tarjetas perforadas. La Constitución de los EE. UU., ordena que se tiene que tomar un censo de cada diez años, y para 1880, al reportar el censo empezaba a convertirse en un problema mayor. El censo de 1880 tomó cerca de siete años para procesarse totalmente y alguien, en la oficina de censos, se dio cuenta de que el censo de 1890, podría tomar más de diez años para tabularse. Claramente había que hacer algo.
Hermann Hollerith, un empleado de la oficina del censo, se interesó en el problema de la tabulación de datos y, en 1883, introdujo la primera de sus importantes ideas y máquinas para simplificar el proceso. Ese año desarrollo una máquina que podía registrar, co
mpilar y tabular los datos del censo. Al usar algunas de sus ideas, la oficina del censo, terminó y reportó el censo de 1890 hacia 1893. Obviamente, las máquinas y técnicas de Hollerith tenían mérito. Al darse cuenta del potencial de sus nuevas invenciones. Hollerith formó la Tabulating Machine Company en 1896. Esta compañía se interesaba en la producción del equipo diseñado para manejar masas de datos perforados en tarjetas. Hollerith desarrolló este equipo como resultado de su experiencia con la oficina del censo. El concepto detrás del proceso mecanizado de datos parecía suficientemente simple. Los datos eran perforados o tecleados a una tarjeta en algún diseño o formato estándar, utilizando codificación específica. Los grupos de tarjetas con el mismo formato y codificación podían entonces procesarse por máquinas diferentes. Cada máquina efectuaba una tarea diferente; una máquina podía clasificar las tarjetas en varios grupos otra podía contar y tabular los resultados. Esta tarjeta básica se llegó a conocer como el registro unitario y el proceso con tales tarjetas se convirtió en proceso de datos con registro unitario. El equipo de proceso de datos con registro unitario se desarrolló de estas máquinas iniciales[v].
Hermann Hollerith, un empleado de la oficina del censo, se interesó en el problema de la tabulación de datos y, en 1883, introdujo la primera de sus importantes ideas y máquinas para simplificar el proceso. Ese año desarrollo una máquina que podía registrar, co
Finalmente, podemos decir que dicho proceso de registro unitario dio origen a la compañía IBM (International Business Machines), heredera directa de la compañía creada por Hollerith. La IBM dominó por mucho tiempo el procesamiento de información masiva basado éste en el uso de tarjetas perforadas, iniciado en 1928 y concluido allá por 1984. Cabe mencionar que IBM incursionaría en la llamada primera generación de sistemas de cómputo, junto con la máquina de Babbage. Eran enormes máquinas que cabían en grandes salones, llenos de cables, circuitos electrónicos y bulbos... pero esa es otra historia...
Notas
[iv] Pacey Arnold, op. cit., pp. 259-260.
[v] Abrams, Peter, et-al, op. cit., pp. 19-20.
Bibliografía
Abrams, Peter, et-al (1985), Elementos de Procesos de Datos, 2ª ed. México Editorial Continental.
M. Awad Elias, (1982) Procesos de datos en los negocios, 2ª ed., México Editorial Diana.
M. Awad Elias, (1982) Procesos de datos en los negocios, 2ª ed., México Editorial Diana.
Pacey Arnold (1980), El laberinto del ingenio, Barcelona, Gustavo Gili.
Hacia la era de la información. La manipulación masiva de datos
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